#AgroexportaciónSinExplotación

Carnívoros consecuentes

o de mis dilemas con la ética de comer carne.

Entrevistador: Todos son vegetarianos / Zizek: Degenerados, degenerados. Se convertirán en monos.

Entrevista a Slavoj Zizek

Publicado: 2014-02-09


No soy vegano ni mucho menos activista, pero te pregunto, compañero carnívoro: ¿Serías capaz de matar lo que comes? Esa es la pregunta que me hice a mi mismo hace años, antes de hacer esta serie. La respuesta inmediata fue que, por supuesto, no podía. Una tía mía, ya bien mayor, sacrificaba un cuy para el almuerzo y lo único que pude hacer yo fue tomarle fotografías. Fue un buen escape. Vivir algo fotografiándolo puede ser una forma de filtrar experiencias, puedes estar ahí y sentirte en otro lado, puedes ver las cosas en vivo y a la vez sentir que las miras en televisión.

Con el paso de las generaciones nuestra percepción inmediata del sacrificio ha cambiado. Matar a un cuy o a una gallina, aquello que era tan cotidiano a los abuelos, se ha vuelto para nosotros (citadinos, occidentalizados, postmigración) en algo chocante y exótico. Para nuestros propios nietos será casi arqueológico. Aunque conscientemente lo sabemos, es como si no tuviéramos presente que cada mordisco lleva en sí mismo un acto de sangre. Estemos o no de acuerdo con la idea, con cada mordisco que los carnívoros damos ratificamos un pacto ético entre nosotros. Ratificamos, de facto, nuestra posición en el mundo y la superioridad del humano frente a otras especies.

Sin embargo, algo se nos ha escapado. La industrialización de la carne nos ha acercado más al lado delicioso del pacto y nos ha quitado contacto con la parte incómoda, que tan cotidiana era para nuestros abuelos: el acto de matar a otro ser vivo. Y esta disonancia es importante. Ante la ausencia de la parte fundamental de este pacto ético en nuestra cotidianidad, este tiende a romperse. ¿Será por ésto que los movimientos animalistas avanzan más en entornos urbanos, occidentalizados, en lugares donde la carne es ya un producto industrial?

Creo que podemos ver el asunto desde otro punto de vista. Creo que el nacimiento de movimientos animalistas es, en parte, culpa de nuestra inconsecuencia como carnívoros. Somos nosotros, con nuestra actitud cómoda de comer rico mientras negamos lo feo, quienes les servimos de justificación moral. Después de todo ¿cómo puedo sentirme bien comiendo a otro animal, si con mis propias manos sería incapaz de causarle la muerte? A lo mejor, y es una teoría loca, si con los años permitimos que se esta contradicción continue acentuandose, terminaremos todos comiendo lechugas.



dos regalos adentro del cuy


Escrito por

C. M. Jumpa

Tomo fotos y escribo. Freelanceándome de vez en cuando.


Publicado en

AL DEMONIO CON LA CÁMARA

La exagerada vida y obra de un fotógrafo escribanpues@gmail.com