¡Resiste!

Recuerdos de La Parada

Hablemos del pasado.

Publicado: 2014-03-05

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Mediados de noviembre del 2012, pasada la media noche. Un amigo y yo, ámbos armados con cámaras, estábamos en vigilia al interior de un mercado vacío. No éramos los únicos sin dormir. Hacía menos de un mes se había producido el histórico bloqueo de lo que era el mercado mayorista mas grande de Lima, y algunos de los comerciantes y los trabajadores que aun no se trasladaban al mercado nuevo (el de Santa Anita) se encontraban apostados ahí adentro, a la espera de un temido e inminente desalojo.

También nos acompañaban, vigilando las puertas, pero sin cruzarlas, varios policías. El proyecto postergado durante décadas de trasladar el mercado mayorista a una nueva ubicación se había puesto en movimiento hace poco. El primer paso: asfixiar al mercado. Sucedió el veinticinco de Octubre. Lo que debió ser el 'simple' bloqueo con tranqueras de concreto de las vías de acceso de camiones se convirtió en una batalla campal con saldo de muertos y heridos. Los hechos están tan frescos que dudo que algún limeño los haya olvidado. A la mayoría de nosotros, desinformados, nos tomó por sorpresa. No tomó por sorpresa, por supuesto, a los comerciantes, quienes ya tenían preparada su seguridad, ni a los delincuentes de zonas aledañas que aprovecharon el alboroto para saquear tiendas de ropa en las galerías de Gamarra.

la policia vigilaba en las afueras del mercado

Como decía, casi un mes había pasado. La calma era tensa aún mientras la batalla se trasladaba de la calle al mundo bizarro del sistema judicial peruano. Esta (la madrugada) solía ser la hora de más actividad en el mercado mayorista. Los camiones reventando de vegetales se apiñaban dentro de los pasajes en filas interminables. Los estibadores y carretilleros corrían cargados de costales y para los mayoristas corría el dinero. Era el bullente negocio de alimentar a las casi diez millones de bocas de la tercera ciudad más grande de sudamérica.

Pero esa noche de vigilia, por el mercado solo corrían el polvo y los perros. Los muros amarillos se convirtieron en los muros de un cementerio. Los pocos comerciantes que aún quedaban ahí (y su nutrida cartera de clientes) se las habían arreglado para evadir el bloqueo policial y trasladar sus operaciones a las calles aledañas. Algunos carretilleros dormían aún en los puestos vacíos, esperando la llegada de algún camión que les permita trabajar un poco. A poca distancia de las puertas los sacos de papas se acumulaban hasta el cielo como en otras épocas, pero eran los menos. “Así quedó mi mercadito” decía un estibador, un poco entre la resignación y la pena.

un trabajador combate al frio

Lo que vino después ya lo sabemos. El largo canto del gallinazo. La calma tensa se estiró hasta desaparecer, y clausuraron el mercado hace unos días sin hacer toda la bulla que hubiéramos esperado. Me gustaría saber cómo se llegó a una desaparición tan silenciosa, pero explicarlo es labor de los analistas de facebook, y esto es un blog de fotografía.

ADCC

PD. Fotos tomadas mientras trabajaba en la desaparecida revista Siete.


Escrito por

C. M. Jumpa

Tomo fotos y escribo. Freelanceándome de vez en cuando.


Publicado en

AL DEMONIO CON LA CÁMARA

La exagerada vida y obra de un fotógrafo escribanpues@gmail.com