¡Resiste!

Arresto ciudadano al paso

o de cuando quieres llevar una vida tranquila y no puedes

Publicado: 2014-04-16

Sucedió el mismo día de la marcha por la igualdad y pro-Union Civil. Durante algunas cuadras del centro Lima parecía un reducto de igualdad, y la plaza San Martín una explosión de amor. Pero esta sensación no podía durar. Mas tarde, ya en el micro y de noche, el Perú nos daba una cachetada de realidad. El video que pude grabar con el teléfono es un fragmento de lo que pasó y está algo oscuro, así que vamos a iluminar un poco las cosas.

En un sábado como cualquier sábado, pasada la media noche, las combis se llenan de gente que regresa de algún lugar. Borrachos apacibles, gente bulliciosa, lechuceros solitarios, todos hemos sido en algún momento parte de esa fauna. Y claro, así como donde hay presas hay depredador, donde hay gente habrá un ratero. La oscuridad les favorece, el movimiento también. Arrebatan un celular de algún bolsillo, se lanzan por la ventana o por la puerta y a ver quien es el valiente que los quiere corretear por los callejones. Ya fue pues, ya perdiste. Excepto que, esa noche, el ratero perdió. No midió bien al borracho de turno y éste tuvo suficientes reflejos para tomarlo del brazo y no dejarlo escapar. El resto de hombres cercanos (gracias machismo) incluido el cobrador, dejaron de lado la tradicional falta de solidaridad de los limeños y se compraron todos el pleito. Lo chaparon de todas las extremidades como a un Tupac Amaru moderno y no lo dejaron ir. Un cobarde que grababa todo sin meterse hizo su parte cerrando la puerta de la custer. El ratero estaba enardecido. "Ya calmate, ya perdiste" y lo soltaban un poco, y el ratero vuelta a querer golpear a alguno de quienes lo agarraban, y vuelta a agarrarlo entre todos.

El plan original de esperar a cruzarnos con un patrullero para dejarle a otros el problema fue abandonado después de varios minutos de avenida vacía. "Suéltenlo nomás" dijo una señora "Suéltenlo pero denle duro". No hubo necesidad ni de decirlo. La boca del ratero ya sangraba. finalmente el carro paró y lo lanzaron afuera, pero ahí no acabo todo. El ladrón estiró un brazo cual culebra tolkienesca y jaló a uno de los pasajeros hacia la oscuridad de la calle desolada. Sorpresa número dos de la noche: la respuesta fue inmediata. El cobrador saltó a la calle a ayudar al pasajero. Sorpresa número tres: al ver que nadie mas bajaba a ayudar, el cobarde que grababa todo, o sea yo, saltó también. Logramos liberar al pasajero pero caí al suelo. Cuando vi que todos habían subido al micro y yo quedaba solo con el ratero con porte de albañil me preparé para correr (tengo piernas ligeras) pero, sorpresa número cuatro: varios pasajeros bajaron a ayudarme y ya pateaban al ratero en el suelo. Subimos todos. Nos fuimos.

No se a ustedes, pero a mí este tipo de solidaridad me deja un gusto amargo. Este micro experimento social me prueba que hasta la especie mas apática y antisolidaria del planeta, a la que llamaremos limeño, es capaz de unirse para combatir a un enemigo directo. Podríamos decir que esto se debe a que, en el fondo, tenemos algo de sentido comunitario , pero soy escéptico. Escéptico porque ese sentido comunitario desaparece para cosas mas sencillas como evitar botar basura a la calle o respetar las normas de tránsito. Escéptico porque el mismo odio que uno le tiene al ratero de a pié no se demuestra en masa con criminales mas reputados como Fujimori o Alan García. Pero ni modo, así somos los peruanos. Se aceptan teorías.Nos vemos y Al-demonio-con-la-cámara (aunque ese día no la llevaba conmigo, mala suerte)


Escrito por

C. M. Jumpa

Tomo fotos y escribo. Freelanceándome de vez en cuando.


Publicado en

AL DEMONIO CON LA CÁMARA

La exagerada vida y obra de un fotógrafo escribanpues@gmail.com